Por Pedro Schiuma

 

Las autoridades pronunciaron que no abrirán las escuelas que no cuenten con las condiciones edilicias necesarias.

¿Pero cómo puede ser? Una pronunciación que está bien y está mal a la vez.

Está bien porque es deseable que las políticas educativas busquen preservar la salud de toda la comunidad educativa. Si las escuelas cuentan con las condiciones de luz, gas, agua y baños, los alumnos y alumnas podrán volver a tener clases presenciales a la vuelta del receso escolar, en cumplimiento del protocolo correspondiente.

Está mal porque son las mismas políticas educativas las que deben garantizar que todas las escuelas estén en condiciones, especialmente, aquellas escuelas que están en las zonas más castigadas, donde no hay conectividad ni equipamiento y que son donde más costó la continuidad pedagógica. Lo que al mismo tiempo las autoridades pronuncian es que no abrirán las escuelas que atienden a los sectores más vulnerables. Son las y los bonaerenses que necesitan que los rescatemos de la inequidad material y cultural en la que se encuentran sumergidos.

Pero son pronunciaciones reversibles, solo hace falta la voluntad política para hacerlo. Si se profundizaran los esfuerzos allí donde más se necesita, las y los menos favorecidos, que ya arrastraban diferencias y que en esta primera mitad del año no pudieron tener clases, iniciarán su ciclo lectivo y quienes ya estaban mejor y menos atraso tuvieron, en estos meses podrían continuar.

Toda la comunidad educativa bonaerense necesita que las acciones en la materia acompañen los mismos sentidos de las pronunciaciones políticas en pos de superar las injusticias educativas y construir un futuro mejor para las próximas generaciones.

Porque si algo aprendimos en estos meses es que no da lo mismo escuela sin educación o educación sin escuela.

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