Cambiar las cosas, mejorar el mundo

No todos tienen la suerte de poder dedicarse a lo que quieren, pero cuando se da el caso, ese alguien tiene la posibilidad de hacer del mundo un lugar mejor. Pocas veces hay un compromiso tan grande como el que tienen los docentes. Tampoco hay un espacio tan importante para cambiar las cosas como el que tiene un maestro.

De esto da cuenta Antonio, un interno de 55 años de la Unidad Penal N°7 de Azul, quien llegó a la institución correccional sin saber leer. Allí, gracias a la articulación de Educación en Contexto de Encierro con la Escuela N°701 “Islas Malvinas”, conoció a Margarita Núñez, una docente dedicada que desarrolla una ardua tarea en alfabetización y quien se ganó el respeto y la admiración de sus alumnos.

—Mire—cuenta Antonio—. Llegué sin saber leer y escribir y hoy, con mis cincuenta y cinco años; con mis dificultades y mis dudas, puedo leer afiches que armamos en el salón… “Salida”,”Dirección””Baños”—señala los carteles que indican los lugares dentro de la escuela—. Aprendí a firmar y leo titulares de informativos televisivos. Mi maestra tiene mucha paciencia. Cinco no sabemos leer, ni escribir y los demás alumnos, sí. Pero ella se las ingenia para que todos trabajemos. Todos los días al finalizar la clase nos lee un cuento.

Margarita les está leyendo El país de Juan, de María Teresa Andruetto. No siempre es fácil, pero ella se las rebusca, porque el compromiso es grande. Sabe que está haciendo que el mundo sea un poco mejor.

Durante la lectura, Antonio sonríe. Siente que a veces se pueden cambiar las cosas.

—De marzo a hoy soy otra persona—dice.

Margarita sigue leyendo y, de paso, también enseña a leer.